05 febrero 2018

Taller sobre explotación didáctica de ilustraciones gastronómicas

El último fin de semana de enero, como en otros años --y ya van cinco--, tuve la suerte de ser invitado a la octava edición del FONCEI, organizado por Cervantes Escuela Internacional bajo la dirección académica de Patricia Santervás que, en esta ocasión, utilizó la metáfora de la gastronomía para dar sabor a las clases de ELE. Cerca de un centenar de docentes nos dimos cita durante un fin de semana en este encuentro de formación de profesores.


En mi taller, que titulé Llenando el ojo antes que la barriga, me ocupé de la explotación didáctica de ilustraciones gastronómicas. Os dejo la presentación:


El taller se dividió en tres momentos:

En la primera parte del taller di a conocer varios ilustradores, diseñadores, fotógrafos o empresas de publicidad cuya obra, total o parcialmente, han dedicado a la gastronomía. Entre otros, algunos que ya conocéis porque han pasado por este blog, como Laura Tejedor (@amigadelamandarina), la empresa australiana TBWA o Diego Cusano (presente en mi otro blog) y posibles explotaciones didácticas para las clases de ELE.


En la segunda fase, precisamente, me centré en Diego Cusano y sus creaciones y les propuse a los profesores que imitaran sus obras, siguiendo la dinámica de la Caja misteriosa, la prueba del gastronómico programa de televisión Masterchef. A cada grupo --por cierto, los grupos los formé haciendo que cada profesor encontrara de qué país es típico el plato que se le había asignado al azar-- se le entregó un sobre con un tema (El paisajista --morado--, Animales imposibles --amarillo--, Semana de la moda --verde--, Vaya invento --azul-- y Cuéntame un cuento --rosa--), una cartulina, un rotulador y un alimento, además de una lámina con cinco ilustraciones de Diego Cusano. Cada grupo tenía que hacer la sexta de la serie... con este sorprendente resultado:


Tras demostrar la capacidad creativa que todos tenemos --y de la que tan frecuentemente renegamos tanto profesores como alumnos--, analizamos las posibilidades en el aula de estas ilustraciones así como la relación entre la imagen y la gastronomía: poder evocador, capacidad para generar opinión y vinculación con la cultura.

Pasamos un rato muy divertido y --creo-- provechoso para los profesores, que descubrieron el potencial didáctico de estas ilustraciones así como una fuente de inspiración para sus clases. 

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